La mezcla de carros y bocinas, la mezcla de aves y silbidos, la mezcla de soledad y paciencia, la mezcla de todo con todo y de nada con nada, esa insoportable persistencia al blanco, la estaba consumiendo hasta caer en tierra y sabía que habría de desaparecer, de diluirse y mimetizarse, sabía que había dejado de ser diferente, que ya no era tan única, tan volátil, ya no era tan hermosa, y pudo sentir el hielo en su garganta, tomó su pluma, impregno sobre el papel esencias sueltas de un hada perdida, se tragó una lagrima, puntualizó el momento, acto seguido, vivió el arte de dejar de existir.
daf.