
Y de repente, la fiesta en mi pelo, y tu aroma cual mano seductora, rozó mis parpados, extendió sus largos dedos que vaga y suavemente restregaron sus yemas a lo largo de mi rostro.
Escarcha en mis pestañas y brillo en mis pupilas.
Y de repente la fiesta de carne entre mis labios y tu mejilla, el roce de una barba incipiente, la nariz atrapando una caricia. La trémula aurora boreal nos tragó enteritos, la liturgia del momento, la significancia de mis dedos apretados, toda una oración intraducible.
El cosquilleo en mis fosas nasales, la bocanada de aire cargada de plomo, los ojos dormilones y la risa que no se evita.
- ¿¡ Que tal !? -