martes, 28 de febrero de 2012

sábado, 11 de febrero de 2012

Cuando soñar es una costumbre, ¡vaya! nada es absurdo.

Varada bajo la estrellada costumbre de recordarte cada vez que los limites entre mi persona y soñar, irremediablemente desaparecen. Estancada con el aire nocturno en mis mejillas y la costumbre zumbando mis oídos. Me pongo atenta porque me podría morder una serpiente, extiendo los brazos y siento el cemento bajo mi espalda. Me pierdo en el negro y más allá de él, es muy simple, sólo me pierdo.


daf.