sábado, 11 de febrero de 2012

Cuando soñar es una costumbre, ¡vaya! nada es absurdo.

Varada bajo la estrellada costumbre de recordarte cada vez que los limites entre mi persona y soñar, irremediablemente desaparecen. Estancada con el aire nocturno en mis mejillas y la costumbre zumbando mis oídos. Me pongo atenta porque me podría morder una serpiente, extiendo los brazos y siento el cemento bajo mi espalda. Me pierdo en el negro y más allá de él, es muy simple, sólo me pierdo.


daf.


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