
Al final, siempre estuve en lo correcto, con lo que habría deseado equivocarme esta vez como en tantas otras; pero al final, en este cuartito, de este segundo piso, en esta casita josefina, a las veintiuna con dieciséis y con Jorge Zeledón sonando en el estéreo de algún vecino, el último latido que escuche del corazón mío, dijo el nombre tuyo; alto y claro, dijo la ausencia tuya; alta y clara, dijo el dolor mío; agudo y crudo.
No voy a decir mucho, no quiero decir mucho, no puedo decir mucho.
Me hacés falta.
daf.