
Maldito ruido que no nos permite escuchar el silencio
Pero ¿por qué maldito y por qué silencio? Acaso… ¿alguien alguna vez supo realmente que es eso que sin conocerlo lo llamamos silencio? ¿Será su voz abrumadora, tenue, será impetuosa o simplemente deliciosa?
Maldito ruido que no nos deja escuchar la entonación de eso que alguien decidió llamar así…silencio.
Pero ¿por qué juzgar de malditos a los sonidos que no consienten que deleitemos la presencia del silencio? No deberíamos alabarlos porque son una señal de que aun respiramos y somos parte de este contradictorio mundo, es decir que su presencia en nuestra existencia son una señal de vida, de que estamos distantes pero juntos.
Si es así, los llamaré perversos, bestiales
¡Malditos sonidos! que no me dejan conocer el silencio de mi alma, de la tuya, de la extraña pero calida unión de nuestros crepúsculos.
Porque es ahí en el silencio de esa unión donde esta el inicio y el fin, el frío y el calor, la luz y la oscuridad ¿de qué? Solo tú y yo lo sabemos
No escuchar ni la más delicada onda de sonido, ni un suspiro, ni un respiro, simplemente escuchar a la NADA.
Maldito ruido, malditas voces, malditos pensamientos, malditos fueros internos
¿Escuchar a la nada? Que estupidez, que circunstancia tan vacía, tan sin alma, tan sin espíritu, quizás me dirías. Pero espera, mi en este instante esencia paralela, no te confundas, escuchar a la nada…sí a la nada. Piénsalo de nuevo, cuando dices la nada, esa nada la refieres a algo y ese algo si lo piensas… lo es todo.
Escuchar a la nada nos llevaría entonces a sentirlo todo. No escuchar un suspiro, sino sentirlo, no escuchar un respiro sino vivirlo, no escucharte, sino hallarte, no escucharte sino interiorizarte.
¿Acaso existe algo mas placentero, acaso existe una situación al menos similar con la capacidad de desequilibrar cada célula y molécula de mi organismo, que me incite a querer morir y así llegar de nuevo al desconcierto enigmáticamente complaciente de ese momento?
¿Quién dijo que solo con los oídos se podía escuchar? Si cuando tu alma me habla son mis ojos los que la escuchan, si mis manos son más diestras para escuchar al ser que se esconde bajo tu piel, si resulta más sencillo para mi boca reconocer la voz de tu corazón herido, envenenado, espontáneo, agitado, afable, que peregrinamente se acopla con el mió
¿Acaso con tus oídos escucharías lo que mis ojos te rebelan y mis manos te confirman?
Escuchar a la nada, pero sentir y ser parte del todo; de nuestro todo.
Déjame no escucharte, sino sentirte
Entreguémonos al incógnito y casi intocable silencio, y maldice junto a mi en una eterna sonata a los perversos sonidos que se oponen a que tu y yo nos encontremos.
Maldito ruido, sí maldito que no nos ha concedido el silencio y con ello la llave para abrir el cerrojo de nuestro inmortal encuentro.
Maldice junto a mi en una eterna sonata a los perversos sonidos que se oponen a que tu y yo nos hallemos en el vació del mundo, pero en el todo de nuestro tan lejano, inaccesible e irónicamente concordante universo.
Maldice junto a mí en una eterna sonata a los perversos sonidos que se oponen a que tu y yo nos encontremos en la nada
No escucharte, sino hallarte
Mutilemos los sonidos y agudiza junto a mi, nuestros sentidos.
JACK BLACK. (SDV.)
