domingo, 29 de noviembre de 2009


Maldito ruido que no nos permite escuchar el silencio


Pero ¿por qué maldito y por qué silencio? Acaso… ¿alguien alguna vez supo realmente que es eso que sin conocerlo lo llamamos silencio? ¿Será su voz abrumadora, tenue, será impetuosa o simplemente deliciosa?

Maldito ruido que no nos deja escuchar la entonación de eso que alguien decidió llamar así…silencio.


Pero ¿por qué juzgar de malditos a los sonidos que no consienten que deleitemos la presencia del silencio? No deberíamos alabarlos porque son una señal de que aun respiramos y somos parte de este contradictorio mundo, es decir que su presencia en nuestra existencia son una señal de vida, de que estamos distantes pero juntos.

Si es así, los llamaré perversos, bestiales

¡Malditos sonidos! que no me dejan conocer el silencio de mi alma, de la tuya, de la extraña pero calida unión de nuestros crepúsculos.

Porque es ahí en el silencio de esa unión donde esta el inicio y el fin, el frío y el calor, la luz y la oscuridad ¿de qué? Solo tú y yo lo sabemos


No escuchar ni la más delicada onda de sonido, ni un suspiro, ni un respiro, simplemente escuchar a la NADA.

Maldito ruido, malditas voces, malditos pensamientos, malditos fueros internos

¿Escuchar a la nada? Que estupidez, que circunstancia tan vacía, tan sin alma, tan sin espíritu, quizás me dirías. Pero espera, mi en este instante esencia paralela, no te confundas, escuchar a la nada…sí a la nada. Piénsalo de nuevo, cuando dices la nada, esa nada la refieres a algo y ese algo si lo piensas… lo es todo.

Escuchar a la nada nos llevaría entonces a sentirlo todo. No escuchar un suspiro, sino sentirlo, no escuchar un respiro sino vivirlo, no escucharte, sino hallarte, no escucharte sino interiorizarte.


¿Acaso existe algo mas placentero, acaso existe una situación al menos similar con la capacidad de desequilibrar cada célula y molécula de mi organismo, que me incite a querer morir y así llegar de nuevo al desconcierto enigmáticamente complaciente de ese momento?


¿Quién dijo que solo con los oídos se podía escuchar? Si cuando tu alma me habla son mis ojos los que la escuchan, si mis manos son más diestras para escuchar al ser que se esconde bajo tu piel, si resulta más sencillo para mi boca reconocer la voz de tu corazón herido, envenenado, espontáneo, agitado, afable, que peregrinamente se acopla con el mió

¿Acaso con tus oídos escucharías lo que mis ojos te rebelan y mis manos te confirman?


Escuchar a la nada, pero sentir y ser parte del todo; de nuestro todo.

Déjame no escucharte, sino sentirte

Entreguémonos al incógnito y casi intocable silencio, y maldice junto a mi en una eterna sonata a los perversos sonidos que se oponen a que tu y yo nos encontremos.



Maldito ruido, sí maldito que no nos ha concedido el silencio y con ello la llave para abrir el cerrojo de nuestro inmortal encuentro.



Maldice junto a mi en una eterna sonata a los perversos sonidos que se oponen a que tu y yo nos hallemos en el vació del mundo, pero en el todo de nuestro tan lejano, inaccesible e irónicamente concordante universo.



Maldice junto a mí en una eterna sonata a los perversos sonidos que se oponen a que tu y yo nos encontremos en la nada



No escucharte, sino hallarte



Mutilemos los sonidos y agudiza junto a mi, nuestros sentidos.


JACK BLACK. (SDV.)

martes, 3 de noviembre de 2009

¿Lo ves? yo también sueño con tus flores.


Habían flores en mis manos,
en una de ellas un ramo enorme,
con flores de todos los colores.

Habían flores en mis manos.

Puestas por un buen postor,
de buena alma,
con corazón claro, translucido,
típico, tranquilo.

Y en la otra mano,
también habían flores,
eran solo tres flores,
eran tuyas esas flores,
con olor a uva aquellas flores.

Tenían el mismo color,
las tres simples y sencillas flores,
y unas ramitas, decorando su decencia,
exaltando su humildad.

Y yo preferí, tus flores,
tus tres flores al bouquet,
porque aquel enorme ramo,
sincero y claro ramo,
nació seco, trizte ramo,
sin raíces, nació del viento.

En cambio, tus flores, tus tres flores,
tenían sabor a fermento,
y un solo color, llano y fuerte,
que tiñe, todo lo tiñe.

Tus flores quemaron mi mano
y se conjugaron conmigo,
tus flores no pretendieron,
tus flores eran muy tuyas.

En tus flores había exactamente lo que veía,
yo ame tus flores.

Que sueño hermoso,
me diste flores.

daf