sábado, 19 de febrero de 2011

Heterotopía (Homozoofilia)


Idea original de mi grupo de trabajo en el taller de teatro (II semestre '08 UCR)

g-r-a-c-i-a-s .





Quien quiera saber que sucede, con tan lindos ojos pardos, pues no lo podrá saber, si como nosotros no ve lo que sucedió en aquella esquinita en algún rincón del ínfimo universo en el que ella se encuentra a la espera de “eso”, es solo que “eso” tarda tanto en llegar que para efectos prácticos debemos dar por hecho que lleva allí una eternidad; pero podría esperar otra con mucho gusto, y es así como en algún instante de aquella cadena infinita de eternidades; comienza nuestra historia…

Candida Carmín sonríe alegremente mientras sacude sus piecitos y observa con cuidado la vaca que a sus pies, no es mas que una vaca común, un animal ordinario que se levanta y al salir del lugar deja al descubierto una sombrillita, que a pesar de su apariencia, perfectamente podría dar sombra a lo que fuera, proteger de fuertes ráfagas de viento a cualquier alma desvalida y hacer sentir segura hasta a la mas indefensa de las vacas; después de dar su veredicto y jugar con ella, nuestra amiga de semblante cariñoso se sienta en su rinconcito nuevamente muy tranquila, pues es que nuestra niña no sabe, porque no lo ha visto, porque no ha querido, porque no ha podido, porque en su corazoncito no cabe nada tan siniestro; que la sombra escurridiza y maligna de todas las cosas malas, despiadadas, macabras y oscuras que pueden existir en el mundo la observa desde siempre, esperando su oportunidad para estirar su cruel mano y atacar certeramente, exactamente donde mas le duela, porque de esto se alimenta la sombra; del mas agudo dolor y por eso espera para alimentarse. Fue una fracción de segundo la que necesitó aquella alma muerta para robarle algo de vida, para acercarle el rostro, y robarle algo de aliento, para robarle la pequeña sombrillita que nuestro amiga lamento en un grito sordo para su boca, pero audible para su espíritu… a pesar del infortunio, nuestra muy tierna amiga, continuó la espera; que tarde que temprano dejaría de ser eterna… o talvez no, no sabremos decir con completa seguridad si fue ese pequeñito acontecimiento lo que tanto esperó, o si solo fue el inicio de lo que en realidad necesitaba; lo que si podemos decir es que una vez llegada aquella carta a su vida, inevitablemente se vino a la comisura de su boca una de esas sonrisas que son implacables, exactamente de esas que tratamos de parar con nuestras manos para que el mundo no las hurte, ni ellas escapen para siempre, pero son muy libres y siempre lo logran, lastima que aquella sonrisita, no pudo con la contradictoria carta, que muy sanguinariamente le puso fin a la esperanza de nuestra heroína, ya sabrá Ud. (querido espectador de tan extraña estampa) de que tipo de sueños hablamos, de que tipo de sueños soñaba ella, los mismos que soñó ud querido espectador, los mismos que quizá no estén muertos, los mismos que talvez no corrieron con la misma suerte que los sueños de Candida.

Es lógico que cada vez que algo tan frió, traspasa el alma de manera tan cortante ha de sentirse lluvia por todas partes, es así como la indefensa criaturita que alimenta nuestra historia intenta abrigarse de aquellas enormes cuajadas de agua a como de lugar, de este modo es como olvidando la horrible mano fría busca una inexistente sombrilla, pero al encontrarse de frente con el vació de sus manos, o peor aun, al darse cuenta que lo único que en ellas tiene es la “triste carta” toma la decisión de colocarla sobre su cabeza a manera de guarida; pero una carta que en principio pareció ser de acero, es ahora simple y puro papel; es en ese momento en el que la niña disertaba acerca de la versatilidad, conveniencia y poder de aquel papel para su dueño, “eso si”-pensó- “únicamente para su verdadero dueño”.

De pronto de la nada absoluta se acerca un valiente caballero en su corcel motorizado, que en realidad ni era corcel ni era motocicleta, era una especie extraña que existe solo en nuestro cuento y que por ello tampoco sabremos si quien lo monta es un caballero o un rebelde o una especie extraña que se filtró a todos los mundos y que ahora es una plaga universal, de la cual ni esta chiquilla ni ninguna otra podrá evitar contagiarse temporalmente al menos una vez en la vida. Ella que no esperaba tan pomposa llegada de tan rarísimo individuo se sorprende pero al mismo tiempo olvida la lluvia, olvida la carta y olvida el vació, pero además se deshace de toda inhibición, de toda timidez y decide conocer los confines de la “infinidad infinita” a la que pertenece, olvidando lo que debía conocer y esperar, confiando sus ahora nuevos sueños al caballerociclista que muy gustoso le dio varias vueltas por el infinito; era de esperarse que no se percataran de que frente a ellos una siluetilla de aquellas a las que nadie les toma importancia cuando cree enamorarse estaba a punto de interrumpir su camino y de que al levantarse los tres aturdidos del impacto y de tantas otras cosas que no se nombra ni se reconocen, se enterarían, sobre todo nuestra tierna protagonista de que es aquella siluetilla quizá una copia d lo que ella misma dice, de lo que ella misma piensa, de lo que ella misma es, pero al fin y al cabo, solo una copia, además no tan buena, nuestra heroína, se sabe perfecta.

Claro está, aunque ella se sepa única y perfecta, el caballerociclista que como ya dijimos es un espécimen extraño, superficial he indefinido, toma la copia cariñosamente y se la lleva, ahora su realidad no es mas nuestra dulce niña, ahora su realidad es otra.

En la “infinidad infinita” como en todos los mundos existen ambulancias y paramédicos; pero en la “infinidad infinita” cuando se presenta un accidente es natural que se de prioridad a salvar a las criaturas mágicas, sobre todo si como nuestro corcel motorizado, ha hecho tan feliz a alguien, se debe cuidar, curar, purificar, guardar y atesorar, casi como a un recuerdo; es así como una ambulancia con mil implementos de ayuda se lleva al corcel muy a prisa.
Atrás donde todo sucede; ya no sucede nada más, que únicamente la soledad de nuestra amiga, el peso de lo que duele. Es así como Candida clava sus ojos en el vacío donde no puede ver nada, pero es así también como la vaquita que inicio nuestro cuento, lo termina, entregando a Candida una nueva sombrilla, capaz no de dar sombra a lo que fuera, solo a lo mas especial, nunca fue capaz de abrigar cualquier alma, solamente sabia abrigar almas puras, le dio una sombrilla que mas que proteger a la mas indefensa de las vacas, era capaz de proteger a la mejor y a la más fuerte, que en ocasiones es la mas lastimada, y de este manera nuestra heroína, su nueva sombrillita y la extraña vaca, caminan por la ‘infinidad infinita’, sonriendo, soñando, esperando…


daf.


Imagen de Anys



viernes, 11 de febrero de 2011

Shhhhh!!


La niña sentada a su lado se lo decía constantemente, se lo decía porque era lo único que sabía decir, lo único que las palabras le contaban, se lo decía mientras hablaban de confites y de fabulas, se lo decía mientras perseguía hormigas atentamente, se lo decía siempre, no era un secreto, ella siempre lo decía.



Se lo decía porque los niños solo hablan de éste modo y aquello era el amor puro y sincero que una niña le regalo a su caballero.


Se lo dijo desde el primer hasta el último día que en clases se sentaron lado a lado y que hubo un chiste con risa cómplice entre los cambios de cuaderno, entre los regaños, entre otros niños, se lo dijo hasta el día que como siempre y como se espera, hubo un viaje, muchos años y un silencio.



Esa niña se lo dijo, se lo dijo cuando su adulta encontró a su adulto, se lo dijo. Pero el adulto, como todo adulto, no fue de goma, no fue de dulce, no fue de hormiga, no fue de complicidad, no dijo nada, no se lo dijo.





daf.






La imagen es de aqui