martes, 29 de septiembre de 2009

Mi Hormiga, Mi Cielo.


Era hace una vez, en un pueblito muy pequeño, donde vivía una hormiga, bajo una choza de paja, sostenida por tres palitos, sobre una tierra muy seca; un enorme cielo azul, profundo y oscuro del cual para alivio de esta hormiga amiga de ustedes, se anegaba en estrellas de cuando en cuando, que la hacían amar la naturaleza de aquel cielo, que aunque oscuro y muy profundo, se sacaba ternura de los tendones y fabricaba estrellas, para que el pueblo abajo, las pudiera ver; porque claro, en aquel pueblito habitaban árboles, robustos, verdes, con raíces hermosas, flores grandes que se cuajaban en rocío y que cambiaban de color todos los días. Y el profundo y oscuro cielo azul, se sentía muy orgulloso de poder mostrarles tantas estrellas a tan graciosas creaturas.

La hormiga entonces, se sentía muy afortunada, porque de todos los lugares del planeta que haya podido escoger para poner su choza de paja, sobre tres palitos, escogió aquel rincón seco, en aquel pueblito, donde siempre podría observar, agazapada en una esquina y extasiada por el azul oscuro y profundo de aquel cielo, las estrellas fugaces que de vez en vez caían y ya no la dejaban ver nada más, ¡ha! Pero aunque no lo crean a nuestra muy tímida hormiga no se le antojaba hacerlo.
Todas esas noches, el cielo cubría todo el pueblo. Todas esas noches la hormiga gustaba de adorar el cielo, de concentrarse entrecerrando los ojos, y apretando los puños, para sumergirse directamente, ¡en el interior del azul ese!, tan profundo y oscuro, a veces lo lograba y entraba, pero duraba mucho tiempo encontrando la salida de regreso, y a veces, no podía siquiera rozarlo.
El cielo Majestuoso, se hacia más azul y más oscuro y más profundo con el paso de las noches, con el impasible avance de las lunas. No daba cuenta de que en el pueblo, bajo una de las basuritas, vivía una exploradora, que había echo de él, su trabajo más brillante.

Y así, noche a noche, luna a luna, la hormiga de esta historia, (que mas es un como chisme, pero que yo me voy a atrever a decirle cuento); se alimenta de azul, de oscuro, de profundo, de estrellas, pero sobre todo de cielo, de indiferente cielo.
daf