miércoles, 20 de junio de 2012

Y entonces... volvió para devolverse

"Para mí jamás te fuiste,
porque el mundo se quedó parado,
aunque ha sido un poco raro..."
Sanz


¡Vaya que lo he extrañado! Y que fue difícil para mí calzar mis pies después, cuando ud.  ya no estaba. Y seguirme en lo que quiero, para continuar siendo como quiero.  Para esto tuve, de modo necesario, que iniciarme en sus idiomas. 


Afuera un acordeón toca unas notas de alguna canción de Yann Tiersen. 

Yo vuelvo a recordar  que justo ahí fuera lo miré hace un par de días y estaba efectivamente, dos años más viejo; casi dos años más viejo. A punto estuve de tener que tocar su cara para ver bien sus ojos y todas las arrugas nuevas, cuyas comisuras sólo habría podido conocer bien de cerca y registrar de esa manera su nueva fisionomía.

Después de aquel lapsus vinieron un par de días bien raros y me dediqué a revivir mis costumbres de ud. , que como ritual religioso lo traen a casa. Me recordó a mí y a mis juegos y papeles y ropas y abrigos y todos sus colores agua, pero sobre todo me recordó los “porqués”.

¡Vaya, cómo lo he extrañado! Afuera el acordeón sigue tocando.

Supuse de inmediato que debía volver pronto a su país, así que me despedí tranquila, me despedí con suficiente cerveza y tabaco en el cuerpo, para sentirme totalmente intoxicada, para abandonarme un rato, para darme un estado físico y mental de ingenuidad absoluta y poder quitar el peso sobre mi cuerpo  y ser lo suficientemente liviana para ir un rato hacia ud.

Me despedí de nuevo y de nuevo es difícil calzar mis pies y continúo entonces estudiando sus idiomas y de nuevo el vals interrumpe mi recuerdo.

Debería aprender a tocar el acordeón.

daf.

0 comentarios:

Publicar un comentario