Lo realmente irónico, es que ya me había hecho a la idea de que eras solo una idea. Me acostumbré a creer en la inexistencia tuya.
Te vi seguramente en el aleph sobre mi cama, y creí entonces que eras una de las estrellas pegadas en mi techo.
Lo realmente irónico, lo realmente injusto, es que justo cuando me resigné a esa inexistencia y a la existencia de mis ideas; me sorprendió la existencia de las tuyas.
daf.
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