
Los músicos te traían a mi en todas esas notas fascinantes, el publico entusiasmado aplaudía, el viento de estas tardes josefinas de verano esparcían las hojas de los arboles, algunos se extasiaban he intentaban elongar el placer fumando, los ojos de curiosidad del publico dejaban ver los efectos de la música. Uno a uno los colores de la tarde cambiaron y sus tonalidades aparecieron para decorar aquel concierto.
En medio del jolgorio estaba yo, con las lagrimas en mis ojos y las manos empuñadas, clavada en aquellos clarinetes, pensándote mientras tocas esas notas. Luego dijo el director: "una canción que hiciera famosa Edith Piaf", y entonces de verdad estabas allí, detrás mío susurrándolo todo, con los músicos de la orquesta, en ese vaivén naranja.
daf.
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