jueves, 2 de septiembre de 2010

¿Quien dice que nada es perfecto?


Como diría Sabina, "hoy, igual que ayer como siempre..." fui a la universidad, luego al trabajo y luego a las 4 pm ya estaba libre para hacer mi tarea de textos griegos.Pero, por esa necesidad intrínseca a mi de aplazar mis deberes, decidí antes de ir a casa pasar por la Feria del Libro; en mi defensa diré que no es mi culpa, que muy cerca del trabajo este el teatro la Aduana, ¿quien podría ser capaz de resistirse al olor de las paginas de un libro nuevo?

Una vez dentro me alegró haber ido sola, existen cosas que no se pueden decir sobre los libros, ellos despiden energías orgasmicas increíbles, desde pensar el árbol que alguna vez fueron aquellas hojas, que fue regado por la luz del sol, por tormentas terribles, alimentado por rica tierra, hasta pensar las manos que lo escribieron y las manos que lo empacaron, que lo encuadernaron, que lo dibujaron, y luego como si eso no bastara, todas las manos que lo tendrán, todos los estómagos a los que tocará digerir su contenido, todas las estructuras mentales que van a armar y desarmar lo que el libro cuenta, y al final, todo esto sumado, da como resultado eso, que se siente y no se puede decir cuando se está ante un libro, esa intimidad incontable e increíble que es diferente para todas las persona, ese elemento único que es mejor callarlo.

Lo mejor de un libro, es ese sabor a alma que te queda al final del ultimo capitulo, esa intimidad deliciosa entre el espíritu de quien se embarró en sus paginas y el espíritu de quien chupó esas mismas paginas.

Lo mejor de un libro es excitarse en lo más profundo en todos los sentidos posibles, y sentirse vivo entre tapa y tapa.

daf.

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